Micotoxinas en verano: cómo detectar el riesgo en el lote y proteger el pienso almacenado

Durante el verano, la alimentación animal se enfrenta a varios desafíos al mismo tiempo. El calor reduce el consumo, modifica los horarios de ingesta y aumenta la sensibilidad de los animales frente a cualquier desequilibrio nutricional. A esto se suma un riesgo menos visible, pero con capacidad para afectar seriamente a los resultados de la explotación: la presencia de micotoxinas en el pienso y las materias primas.

No siempre hay un olor extraño. Tampoco tiene por qué aparecer una capa evidente de moho. En ocasiones, el pienso mantiene una apariencia normal y, sin embargo, el lote empieza a mostrar una evolución irregular: algunos animales comen menos, la conversión empeora, las heces cambian o la ganancia media diaria deja de responder como debería.

Es frustrante. Todo parece estar correctamente formulado, pero los resultados no acompañan.

Las micotoxinas pueden encontrarse entre las causas de este tipo de pérdidas silenciosas. Son sustancias producidas por determinados hongos y pueden originarse antes de la cosecha, durante el secado o después, mientras los cereales, forrajes y piensos permanecen almacenados. La humedad y la temperatura son dos de los factores más importantes en el desarrollo de los hongos y en el deterioro de los productos almacenados. Por eso, en agosto, conviene prestar especial atención a silos, almacenes, tolvas y circuitos de distribución.

La prevención no empieza cuando el animal deja de comer. Empieza mucho antes.

Qué son las micotoxinas y por qué preocupan en alimentación animal

Las micotoxinas son compuestos tóxicos producidos por algunos hongos capaces de desarrollarse en cereales, forrajes y otras materias primas utilizadas en alimentación animal. Entre las más conocidas se encuentran las aflatoxinas, el deoxinivalenol —DON—, la zearalenona, las fumonisinas, la ocratoxina A y las toxinas T-2 y HT-2.

No todas actúan de la misma forma. Tampoco afectan igual a todas las especies ni a todas las fases productivas. El efecto depende de factores como:

🔸 La micotoxina presente.

🔸 Su concentración.

🔸 La duración de la exposición.

🔸 La especie y la edad del animal.

🔸 El estado sanitario del lote.

🔸 La composición completa de la dieta.

🔸 La posible presencia simultánea de varias toxinas.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria estudia de manera específica el riesgo de las distintas micotoxinas en los animales, porque su efecto puede variar considerablemente entre especies. El porcino, por ejemplo, presenta una sensibilidad relevante frente a determinadas toxinas producidas por hongos del género Fusarium, mientras que otras sustancias pueden comprometer también la salud o el rendimiento de bovinos y otras especies.

El marco europeo establece, además, límites máximos para algunas sustancias indeseables —como la aflatoxina B1— y valores orientativos para otras micotoxinas presentes en materias primas y piensos. Los productos destinados a la alimentación animal deben ser seguros, de calidad comercial y no perjudicar la salud ni la producción ganadera cuando se utilizan correctamente.

Por qué el almacenamiento de verano exige más vigilancia

Conviene aclarar una cuestión importante: el calor por sí solo no explica toda contaminación por micotoxinas. Algunas se originan en el cultivo, antes de que la materia prima llegue a la explotación. Sin embargo, unas malas condiciones de conservación pueden favorecer el crecimiento de hongos de almacenamiento y agravar el deterioro del producto.

La combinación realmente peligrosa suele incluir:

🔸 Humedad elevada.

🔸 Puntos de condensación.

🔸 Producto almacenado durante demasiado tiempo.

🔸 Temperaturas altas.

🔸 Mala ventilación.

🔸 Presencia de insectos o ácaros.

🔸 Restos antiguos adheridos a silos y tolvas.

🔸 Entradas de agua o filtraciones.

La FAO señala que el control del riesgo debe centrarse especialmente en los factores que favorecen el deterioro: temperatura, humedad y plagas. Los hongos de almacenamiento pueden provocar calentamiento, aumento de humedad, olor a producto envejecido y producción de micotoxinas. Además, la actividad de insectos y ácaros puede incrementar localmente la temperatura y la humedad del grano, facilitando todavía más el desarrollo fúngico.

En agosto, después de semanas de temperaturas elevadas, merece la pena revisar la instalación incluso aunque no haya aparecido todavía ningún problema visible.

Señales indirectas que pueden aparecer en el lote

Una contaminación relevante no siempre produce un cuadro clínico claro. Con frecuencia, el primer aviso es productivo. Algo no termina de funcionar como antes.

Entre las señales que pueden justificar una revisión más profunda se encuentran:

✅ Disminución o irregularidad del consumo.

✅ Pérdida de uniformidad entre animales.

✅ Peor conversión alimenticia.

✅ Menor ganancia media diaria.

✅ Heces más blandas o variables.

✅ Reducción de la estabilidad digestiva.

✅ Peor respuesta frente a otros factores de estrés.

✅ Resultados inferiores a los esperados pese a mantener la fórmula.

✅ Mayor sensibilidad en animales jóvenes o en fases productivas exigentes.

Ninguna de estas señales demuestra por sí sola la presencia de micotoxinas. Podrían estar relacionadas con el calor, el agua, un cambio de materia prima, un problema sanitario o un error en el manejo. Precisamente por eso es necesario analizar el conjunto y no sacar conclusiones precipitadas.

La pregunta adecuada no es únicamente: “¿Hay micotoxinas?”. La pregunta técnica es más amplia:

¿Qué ha cambiado en la alimentación, el almacenamiento, el agua, el consumo y el comportamiento del lote?

Ese enfoque permite investigar el problema con más criterio.

Cómo revisar el almacenamiento de materias primas

Una buena estrategia preventiva debe empezar por la recepción y continuar durante todo el tiempo que el producto permanece en la explotación.

Revisar cada nueva partida

La apariencia visual puede aportar información, pero no es suficiente para descartar una contaminación. Conviene comprobar:

✅ Procedencia y trazabilidad.

✅ Fecha de entrada.

✅ Humedad declarada o medida.

✅ Olor y temperatura.

✅ Presencia de polvo excesivo, insectos o apelmazamientos.

✅ Estado del transporte.

✅ Documentación del proveedor.

Cuando una partida genera dudas, debe mantenerse identificada y separada hasta decidir cómo gestionarla.

Aplicar una rotación correcta

El producto más antiguo debe utilizarse antes, evitando que queden restos durante periodos prolongados. La rotación reduce el riesgo de encontrar bolsas de materia prima envejecida y facilita la trazabilidad si aparece una incidencia.

También conviene vaciar de manera programada silos y tolvas. Rellenarlos constantemente sin llegar a limpiarlos puede dejar capas antiguas adheridas a paredes, fondos, tornillos y conductos.

Buscar puntos calientes y condensaciones

Una parte del silo puede mantenerse aparentemente estable mientras otra acumula calor o humedad. Es importante revisar:

🔸 Techo y juntas.

🔸 Paredes orientadas al sol.

🔸 Fondos y conos.

🔸 Zonas próximas a motores.

🔸 Entradas de agua.

🔸 Apelmazamientos.

🔸 Diferencias de temperatura entre puntos.

El calentamiento localizado, la humedad y el olor a producto rancio o enmohecido deben considerarse señales de advertencia.

Limpiar antes de recibir nuevo producto

Introducir una partida limpia sobre restos deteriorados puede comprometerla. Antes de una nueva carga conviene retirar residuos, limpiar correctamente la instalación y comprobar que está seca.

La limpieza debe alcanzar también:

🔸 Sinfines.

🔸 Bajantes.

🔸 Tolvas.

🔸 Comederos.

🔸 Vehículos internos.

🔸 Equipos de mezcla y distribución.

La prevención no termina en el silo.

La toma de muestras: el paso que no debe improvisarse

Las micotoxinas no suelen distribuirse de manera uniforme. Puede haber puntos muy contaminados junto a otros prácticamente libres. Por eso, tomar una pequeña cantidad de pienso de la superficie o de un único lugar puede dar una imagen equivocada del lote.

Los manuales de FAO y Codex insisten en que la muestra debe ser representativa y formarse a partir de varias tomas distribuidas por la partida. La preparación posterior también es importante: la muestra completa debe homogeneizarse adecuadamente antes de obtener la fracción que llegará al laboratorio.

Ante una sospecha, el procedimiento debería incluir:

  1. Identificar con precisión la partida o el silo.
  2. Recoger submuestras en diferentes puntos y profundidades.
  3. Formar una muestra conjunta representativa.
  4. Conservarla e identificarla correctamente.
  5. Solicitar el análisis adecuado en función de las materias primas y de las señales observadas.
  6. Mantener una contramuestra cuando sea recomendable.

Un análisis es tan fiable como la muestra que se envía. Si la toma no representa al conjunto, el resultado puede transmitir una falsa tranquilidad o llevar a decisiones equivocadas.

Cuándo valorar secuestrantes o correctores

Los llamados secuestrantes de micotoxinas forman parte de una categoría más amplia de aditivos destinados a reducir la contaminación del pienso por estas sustancias. Dependiendo de su naturaleza y autorización, pueden actuar disminuyendo su absorción, favoreciendo su excreción o transformando determinadas moléculas en compuestos menos perjudiciales.

Pero hay un matiz fundamental: no todas las soluciones funcionan igual frente a todas las micotoxinas.

Algunos productos presentan mayor afinidad por determinadas sustancias; otros utilizan mecanismos enzimáticos o biológicos muy específicos. Por ello, la elección debe relacionarse con:

🔸 La toxina o grupo de toxinas de riesgo.

🔸 Las materias primas utilizadas.

🔸 La especie animal.

🔸 La edad y fase productiva.

🔸 La concentración detectada.

🔸 El historial de la explotación.

🔸 El resto de la estrategia nutricional.

La EFSA dispone de criterios específicos para evaluar la eficacia de los aditivos destinados a reducir la contaminación del pienso por micotoxinas, lo que refuerza la necesidad de emplear productos autorizados, con una función demostrada y de acuerdo con sus condiciones de uso.

Un corrector no debe utilizarse como sustituto de una mala gestión del almacén. Si existe humedad, suciedad, producto deteriorado o una rotación deficiente, hay que corregir primero la causa.

El enfoque correcto combina:

✅  Materias primas controladas.

✅  Almacenamiento adecuado.

✅  Limpieza y mantenimiento.

✅ Muestreo representativo.

✅  Análisis cuando proceda.

✅  Elección técnica del aditivo.

✅  Seguimiento de la respuesta del lote.

Qué hacer cuando existe una sospecha

Ante un cambio productivo compatible con un problema alimentario, conviene actuar con orden.

Primero, inmovilizar e identificar

La partida sospechosa debe quedar perfectamente identificada para evitar mezclas o consumos adicionales mientras se valora la situación.

Después, revisar el conjunto

Hay que comprobar la formulación, los cambios recientes de proveedor, el agua, el almacenamiento, el consumo, la salud del lote y las condiciones ambientales.

Tomar muestras y solicitar asesoramiento

El análisis laboratorial puede ayudar a confirmar o descartar determinadas micotoxinas. También permite seleccionar con más precisión la estrategia de control.

No diluir un producto no conforme

La normativa europea establece que los productos destinados a alimentación animal que superen los niveles máximos fijados para sustancias indeseables no pueden mezclarse con otros productos simplemente para reducir su concentración. La gestión debe ajustarse siempre a la legislación y al asesoramiento técnico correspondiente.

Hacer seguimiento

Tras adoptar medidas, conviene observar:

🔸 Recuperación del consumo.

🔸 Consistencia de las heces.

🔸 Evolución del peso.

🔸 Uniformidad.

🔸 Conversión.

🔸 Posibles incidencias sanitarias.

Corregir sin medir deja el trabajo a medias.

El apoyo técnico de Garcisan

Garcisan trabaja en el ámbito de la alimentación animal, los correctores, los aditivos y el asesoramiento técnico. Esa experiencia permite abordar el riesgo de micotoxinas desde una perspectiva completa: no solo ofrecer una solución, sino analizar cómo encaja dentro de la dieta, del manejo y de las condiciones reales de la explotación.

El acompañamiento puede incluir:

  • revisión de las materias primas utilizadas;
  • valoración del almacenamiento y de los puntos críticos;
  • orientación para una toma de muestras representativa;
  • análisis conjunto de los síntomas productivos;
  • selección de correctores o aditivos adecuados;
  • seguimiento de consumo, digestibilidad y uniformidad;
  • coordinación con el veterinario y el nutricionista de la explotación.

No se trata de atribuir cualquier caída de rendimiento a las micotoxinas. Eso sería demasiado sencillo y, probablemente, poco útil. Se trata de incluirlas dentro de un diagnóstico ordenado cuando existen razones para sospechar.

Ese es el valor del asesoramiento técnico: mirar el conjunto, separar las hipótesis y tomar decisiones con información.

Conclusión

Las micotoxinas en el pienso representan un riesgo complejo porque pueden aparecer sin señales visuales evidentes y afectar al rendimiento de manera progresiva. Durante el verano, las altas temperaturas, la humedad, las condensaciones y una mala rotación pueden empeorar las condiciones de conservación del alimento, por lo que agosto es un buen momento para revisar silos, tolvas, almacenes y sistemas de distribución.

La prevención debe apoyarse en cinco pilares: buenas materias primas, almacenamiento correcto, limpieza, muestreo representativo y asesoramiento técnico. Los secuestrantes y otros correctores pueden formar parte de la estrategia, pero siempre deben elegirse según el riesgo concreto y utilizarse como complemento, no como sustituto de unas buenas prácticas de conservación.

En Garcisan ayudamos a detectar esos problemas nutricionales que no siempre se ven, pero que terminan apareciendo en el consumo, la digestibilidad y la evolución del lote.

Contacta con el equipo de Garcisan para revisar el almacenamiento, valorar el riesgo de micotoxinas y diseñar una estrategia adaptada a tu explotación.

 

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